Cuando pensamos en el invierno, lo primero que se nos viene a la cabeza son los abrigos, las bufandas y evitar cogernos un resfriado. Pero, ¿te has parado a pensar en cómo está sufriendo tu piel estos meses?
La piel es nuestra primera barrera de defensa y, durante el invierno, se enfrenta a un «cóctel molotov» de agresiones: el viento helado en la calle y las calefacciones altas en interiores. Este contraste térmico debilita la barrera cutánea, provocando sequedad, rojeces y esa incómoda sensación de tirantez.
En este artículo, te explicamos cómo mantener tu piel sana, elástica y luminosa, incluso cuando el termómetro marca cero grados.
1. La hidratación debe cambiar de textura
Esa loción ligera que te encantaba en julio probablemente se quede corta en enero. Con el frío, nuestros vasos sanguíneos se contraen (vasoconstricción) para mantener el calor corporal, lo que reduce el aporte de nutrientes y oxígeno a la piel. Además, producimos menos grasa natural.
El consejo de tu farmacéutico: Busca cremas con texturas más ricas y envolventes. Ingredientes como las ceramidas, la urea o la manteca de karité son excelentes para reparar la función barrera. Si tienes la piel sensible, busca activos calmantes para evitar las rojeces típicas del cambio de temperatura.
2. El sol de invierno engaña (y daña)
Este es el error número uno: guardar el protector solar hasta que volvemos a la playa. Aunque haga frío y esté nublado, hasta el 80% de la radiación UV atraviesa las nubes.
El sol de invierno sigue provocando fotoenvejecimiento (arrugas prematuras y manchas). Si estás usando tratamientos despigmentantes o con retinol (muy comunes en esta época), la protección solar es obligatoria cada mañana.
3. Cuidado con el agua muy caliente
Sabemos que no hay nada más placentero que una ducha hirviendo cuando llegas congelado de la calle. Sin embargo, el agua a temperaturas muy altas elimina el manto hidrolipídico natural de la piel, dejándola indefensa y picajosa.
Intenta ducharte con agua tibia y utiliza geles de baño «syndet» (sin jabón) o aceites de ducha que limpien sin agredir. Tu piel te lo agradecerá al salir.
4. Zonas olvidadas: manos y labios
Son las grandes víctimas del invierno porque casi siempre están expuestas.
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Labios: Al no tener glándulas sebáceas, se agrietan con facilidad. Usa bálsamos reparadores varias veces al día, no solo cuando ya te duelan.
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Manos: El dorso de las manos tiene la piel muy fina. El uso de guantes es vital, pero también lo es aplicar una crema de manos concentrada (tipo «efecto guante») antes de dormir para que actúe toda la noche.
5. La belleza empieza desde dentro
A veces, por mucha crema que apliquemos, la piel sigue apagada. En invierno bebemos menos agua porque no tenemos tanta sensación de sed, lo que lleva a la deshidratación interna.
Asegúrate de beber suficiente líquido (las infusiones calientes son una gran opción) y considera suplementos con Omega-3 o Onagra, que ayudan a mantener la elasticidad de la piel desde el interior.
Conclusión
El invierno es una época maravillosa si sabemos cómo protegernos. No esperes a que tu piel se agriete o sufra dermatitis por el frío. Ven a la farmacia y pregúntanos; analizaremos tu tipo de piel y te recomendaremos la rutina perfecta para que llegues a la primavera radiante.
¡Tu piel tiene memoria, cuídala hoy!